Lugares Educativos, Reeducativos y Terapéuticos.

Un Espacio Terapéutico

El trabajo con niños(as) con patologías en el terreno afectivo y social requiere una organización estructurante que permita tener referentes estables.

El espacio debe ser vivido y no sufrido.

El espacio de desarrollo vital representa a la propia habitación de la casa. No se debe entrar en ella sin el consentimiento de sus dueños, que son los que pasan en ella la mayor parte del tiempo y guardan allí sus pertenencias.

Los espacios son investidos con diferentes significados de acuerdo a las vivencias que tienen lugar en ellos. Puede hablarse de distintas funciones asociadas a las diversas zonas de un determinado espacio:

  • Zona personal de seguridad. Que representa su territorio, su espacio protegido. La invasión del mismo es vivida por el niño como una agresión a su integridad personal, y provoca reacciones defensivas que pueden manifestarse en forma de retraimiento, bloqueo, respuesta violenta, o incluso en ocasiones producir una crisis.

  • Zona de función, ligada a la actividad. Favorece el desarrollo de sentimientos de responsabilidad, libertad, poder. El espacio queda delimitado por su función. Al ser un espacio socializado, otros pueden penetrar en él, pero con restricciones. Ello permite la vivencia cotidiana de nociones de propiedad personal, propiedad colectiva y gestión provisional de una responsabilidad hacia el grupo.

  • Espacios colectivos. Estos espacios son generadores de conflictos, y en la elaboración de éstos permiten a los niños situarse en relación con los otros, y sobre todo con el conjunto; en definitiva, con la Institución.